Relatos del Nuevo Testamento, (2005), 154–155
Saulo había visto a la gente matar a Esteban. Un día Saulo caminaba a la ciudad de Damasco con unos amigos. Quería poner en prisión a algunos de los discípulos de Cristo.
Hechos 7:58; 9:1–2
De repente, lo rodeó una luz muy brillante que bajaba del cielo, y se cayó a tierra. Entonces Saulo escuchó la voz de Jesús que le preguntaba por qué trataba de hacer daño a los santos. Saulo sintió miedo. Le preguntó a Jesús lo que debía hacer. El Salvador le dijo que debía ir a Damasco. Allí se le diría lo que debía hacer.
Hechos 9:3–6
Saulo abrió los ojos, pero no podía ver. Había quedado ciego. Sus amigos lo llevaron a Damasco.
Hechos 9:8–9
Un discípulo de Jesucristo que se llamaba Ananías vivía en Damasco. En una visión, Jesús le dijo a Ananías que fuera a ver a Saulo.
Hechos 9:10–11
Ananías tenía el sacerdocio. Puso las manos sobre la cabeza de Saulo y lo bendijo para devolverle la vista. Después de sanar, Saulo fue bautizado y recibió el don del Espíritu Santo.
Hechos 9:17–18
Saulo se cambió el nombre a Pablo. Fue llamado a ser un apóstol y llegó a ser un misionero para la Iglesia. Él escribió muchas cartas. Fue a muchas tierras y enseñó el Evangelio.
Hechos 26:16–23; Romanos 1:1
Fuentes: La Iglesia de Jesucristo