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10 de agosto de 2017

Pablo y Silas En Prisión - Catolicismo -

Relatos del Nuevo Testamento, (2005), 158–160


Una muchacha estaba invadida de un mal espíritu. A la gente le gustaba escuchar lo que ese espíritu malo decía a través de ella. Pagaban a los hombres que la empleaban por escuchar hablar al espíritu malo.

Hechos 16:16



Cada vez que Pablo y Silas pasaban por allí, la muchacha los seguía y el espíritu malo hablaba. Un día Pablo mandó al espíritu malo que saliera de la muchacha, y así lo hizo. Los hombres para los cuales ella trabajaba se enojaron mucho porque ya no podían ganar dinero.

Hechos 16:17–19


Los hombres llevaron a Pablo y a Silas ante los líderes de la ciudad y les dijeron que Pablo y Silas habían estado causando problemas.

Hechos 16:19–22


Los líderes mandaron azotar a Pablo y a Silas y los echaron en la prisión.

Hechos 16:22–24


Esa noche Pablo y Silas oraron y cantaron himnos a nuestro Padre Celestial. Todos en la prisión los escucharon. De repente, la tierra comenzó a temblar y se abrieron las puertas de la prisión.

Hechos 16:25–26


El guardia despertó y vio que las puertas estaban abiertas. Pensó que los prisioneros habían escapado. Pablo le dijo al guardia que no se preocupara porque todavía estaban allí todos los prisioneros. El guardia se arrodilló ante Pablo y Silas y les preguntó cómo podía ser salvo.

Hechos 16:27–30


Pablo y Silas enseñaron el Evangelio al guardia y a su familia, y esa noche se bautizaron.

Hechos 16:31–33


Al día siguiente los líderes de la ciudad soltaron a Pablo y a Silas, y éstos fueron a otra ciudad para hacer más obra misional.

Hechos 16:35–40


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28 de julio de 2017

Pedro Devuelve la Vida a Tabita -

Relatos del Nuevo Testamento, (2005), 156–157




Una buena mujer que se llamaba Tabita vivía en la ciudad de Jope. Ella era discípula de Jesucristo. Ayudaba a muchas personas y hacía muchas cosas buenas.

Hechos 9:36



Ella enfermó y murió.

Hechos 9:37



Sus amigos pidieron a Pedro que fuera a verla. Cuando él llegó, les pidió a los amigos de Tabita que salieran de la habitación.

Hechos 9:38–40


Pedro se arrodilló y oró, y luego le dijo a Tabita que se levantara. Ella abrió los ojos y se sentó.

Hechos 9:40


Pedro le ayudó a levantarse. Ella llamó a sus amigos y ellos vinieron y vieron que estaba viva. Pedro había usado el poder del sacerdocio para devolverle la vida a Tabita. Muchas personas de Jope creyeron en Jesucristo cuando supieron que Tabita había vuelto a la vida.

Hechos 9:41–42

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24 de julio de 2017

Saulo Aprende Acerca de Jesús -

Relatos del Nuevo Testamento, (2005), 154–155


Saulo había visto a la gente matar a Esteban. Un día Saulo caminaba a la ciudad de Damasco con unos amigos. Quería poner en prisión a algunos de los discípulos de Cristo.

Hechos 7:58; 9:1–2



De repente, lo rodeó una luz muy brillante que bajaba del cielo, y se cayó a tierra. Entonces Saulo escuchó la voz de Jesús que le preguntaba por qué trataba de hacer daño a los santos. Saulo sintió miedo. Le preguntó a Jesús lo que debía hacer. El Salvador le dijo que debía ir a Damasco. Allí se le diría lo que debía hacer.

Hechos 9:3–6


Saulo abrió los ojos, pero no podía ver. Había quedado ciego. Sus amigos lo llevaron a Damasco.

Hechos 9:8–9


Un discípulo de Jesucristo que se llamaba Ananías vivía en Damasco. En una visión, Jesús le dijo a Ananías que fuera a ver a Saulo.

Hechos 9:10–11


Ananías tenía el sacerdocio. Puso las manos sobre la cabeza de Saulo y lo bendijo para devolverle la vista. Después de sanar, Saulo fue bautizado y recibió el don del Espíritu Santo.

Hechos 9:17–18



Saulo se cambió el nombre a Pablo. Fue llamado a ser un apóstol y llegó a ser un misionero para la Iglesia. Él escribió muchas cartas. Fue a muchas tierras y enseñó el Evangelio.

Hechos 26:16–23; Romanos 1:1


Fuentes: La Iglesia de Jesucristo

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19 de julio de 2017

Simón y el Sacerdocio - Catolicismo -

Relatos del Nuevo Testamento, (2005), 152–153


Muchas personas de Samaria escucharon el Evangelio y lo creyeron. Fueron bautizados, pero no tenían el Espíritu Santo.

Hechos 8:5, 12–16



Pedro y Juan fueron a Samaria. Pusieron las manos sobre la cabeza de las personas y les dieron el don del Espíritu Santo.

Hechos 8:14–17



Un hombre llamado Simón vio que Pedro y Juan daban el don del Espíritu Santo. Él sabía que los dos apóstoles podían dar ese don a las personas porque tenían el sacerdocio, y él también quiso tener el sacerdocio.

Hechos 8:9, 18–19


Les ofreció dinero a Pedro y a Juan para que se lo dieran. Pedro le dijo a Simón que nadie puede comprar el sacerdocio. Dios se lo da a los hombres justos. Pedro sabía que Simón no era un hombre justo, y le dijo que se arrepintiera.

Hechos 8:18–24

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17 de julio de 2017

La Muerte de Esteba - Apostol de Jesus -


La insistencia de Esteban en el hecho de que Dios no reside en algún templo exclusivamente, hecho por las manos del hombre, fue un duro golpe para lo que su pueblo consideraba sagrado. 

Esteban insistió en que cuando los judíos habían sacrificado a Jesús lo que ellos habían hecho era coronar una política que habían seguido a través de toda su historia nacional; porque a través de todos los tiempos habían perseguido a los profetas y habían abandonado a los líderes que Dios había llamado. Estas eran verdades duras para hombres que creían ser los escogidos…” 

Debemos destacar que lo que pretende Esteban es hacer notar a los dirigentes judíos que era necesario responder al llamado de Dios y salir del contexto meramente judío para ganar el mundo con el evangelio. Esta visión no era compartida por ellos porque ellos no habían aceptado a Jesús y seguían aferrados a sus tradiciones ritualistas y soberbias. 

Hechos 7: 54-60 

Las palabras de Esteban no podían tener otro final frente a hombres enceguecidos por su fanatismo religioso y sus vanas pretensiones elitistas. 

Debemos destacar que el Sanedrín no podía condenar a muerte a nadie; este era un resorte del gobierno romano. Lo que mató a Esteban fue una explosión de ira ciega e incontrolada. La pena por blasfemar contra Dios era morir apedreado; los judíos creyeron que Esteban lo merecía (ver Deuteronomio 13: 6 y ss.). 

Pero Esteban aún en su muerte testifica de una manera notable e irrebatible: 

1- En primer lugar le es dada a Esteban una visión del Reino Celestial que él anuncia públicamente (v. 56); ésto enardeció y desbordó a los judíos hasta el paroxismo (v. 57). 

2- El ensañamiento fue irrefrenable; sin embargo Esteban no se defendió. Ya los dirigentes habían visto resplandecer su rostro como el de un ángel (Hechos 6: 15) y ahora todo el pueblo ve su valor, entregando su vida por Cristo. 

3- Esteban al llegar el momento de morir imita a Cristo y, en actitud de oración, “puesto de rodillas” a gran voz, clama al Señor rogándole que perdone la maldad de sus asesinos de la misma manera en que Jesús lo había hecho desde la Cruz. 
«Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios.» 

Todo muestra a un hombre cuyo testimonio no pudo ser contrarrestado a pesar de las amenazas, las discusiones, la furia de los ciegos judíos.


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16 de julio de 2017

Hombres Inicuos Matan a Esteban -

Relatos del Nuevo Testamento, (2005), 150–151


Muchos líderes judíos pensaban que cuando Jesús muriera ya no habría más milagros. Sin embargo, los apóstoles también hicieron milagros. Muchas personas creyeron en Jesucristo y se unieron a la Iglesia.

Hechos 4:1–4, 13–16; 5:14


Eso hizo enojar a muchos de los líderes judíos. Pusieron en prisión a Pedro y a Juan. El rey Herodes Agripa mandó matar al apóstol Santiago (Jacobo).

Hechos 4:3; 12:1–2


Los apóstoles llamaron a siete hombres para ayudar a dirigir la Iglesia. Uno de ellos era un hombre justo que se llamaba Esteban. Él enseñó el Evangelio a muchas personas. Unas personas malas mintieron y dijeron que Esteban había hablado en contra de la ley judía. Lo llevaron a juicio ante los líderes judíos.

Hechos 6:3–12


Esteban les dijo a los líderes que ellos eran inicuos. Les dijo que ellos habían matado a Jesucristo, el Hijo de Dios.

Hechos 7:51–54


Entonces Esteban miró al cielo y vio al Padre Celestial y a Jesucristo. Cuando les dijo a los líderes lo que había visto, ellos se enojaron mucho.

Hechos 7:55–56



Sacaron a Esteban de la ciudad para matarlo a pedradas. Pusieron sus abrigos a los pies de un joven llamado Saulo. Cuando Esteban estaba a punto de morir, le pidió a Dios que llevara su espíritu al cielo. También le pidió a Dios que perdonara a los que lo mataban y luego murió.

Hechos 7:58–60




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14 de julio de 2017

Pedro Sana a un Hombre -


Relatos del Nuevo Testamento, (2005), 148–149

A un hombre que no podía caminar lo cargaban al templo todos los días. Se sentaba a las puertas del templo y pedía dinero. Un día vio a Pedro y a Juan que estaban a punto de entrar en el templo.

Hechos 3:1–3


Les pidió dinero a Pedro y a Juan. Pedro le dijo que no tenía dinero pero que le daría otra cosa.

Hechos 3:3, 6


Pedro bendijo al hombre en el nombre de Jesucristo y lo sanó. Después le ayudó a levantarse.

Hechos 3:6–7



El hombre caminó por primera vez en su vida. Muchas personas vieron al hombre que caminaba y saltaba. Sabían que había sido un milagro. Sabían que Pedro tenía el poder de Dios. Pedro les dijo que Jesucristo le había dado el poder para sanar al hombre. Pedro fue un gran misionero. Ayudó a muchas personas a creer en Jesucristo y a seguirlo.

Hechos 3:8–13, 16; 4:4


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12 de julio de 2017

Los Apóstoles Dirigen La Iglesia -



Relatos del Nuevo Testamento, (2005), 145–147

Después de Su resurrección, Jesús se quedó con Sus apóstoles por cuarenta días. Les enseñó muchas cosas acerca del Evangelio y acerca de Su Iglesia.

Hechos 1:1–3


Les dijo que enseñaran el Evangelio a todos. También les dijo que pronto los dejaría, pero que recibirían el Espíritu Santo para ayudarles.

Hechos 1:4–8


Los apóstoles vieron a Jesús subir al cielo. Dos ángeles vestidos de blanco les dijeron a los apóstoles que algún día Jesús regresaría del cielo.

Hechos 1:9–11



Ahora los apóstoles eran los líderes de la Iglesia de Jesucristo en la tierra. Pedro era el Presidente, y Santiago (Jacobo) y Juan eran sus consejeros.

Mateo 16:18–19; Doctrina y Convenios 81:1–2; Jesús el Cristo, págs. 232–233


Sólo había once apóstoles, porque Judas estaba muerto. Nuestro Padre Celestial les dijo a los apóstoles que escogieran a Matías para que fuera uno de los Doce Apóstoles. Todos los apóstoles tenían un llamamiento especial en el sacerdocio.

Mateo 27:3–5; Hechos 1:15–17, 21–26; Doctrina y Convenios 102:8


Los apóstoles y los otros discípulos tenían fe en el Señor y obedecían Sus mandamientos. Se amaban unos a otros.

Hechos 2:41–47


Con el sacerdocio y el poder del Espíritu Santo, los apóstoles podían hacer muchas cosas. Sanaron a los enfermos y fueron misioneros. Enseñaron acerca de Jesucristo y Su evangelio. Muchas personas creyeron las palabras de los apóstoles y se unieron a la Iglesia. A los miembros de la Iglesia se les llamaba santos.

Hechos 2:2–4, 32–33, 36–43, 47; 3:1–8; Romanos 1:7


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