3 de junio de 2017

Vali - Dios - Mitologia Nordica -


Representaba junto a Vidar a la fuerzas inmortales de la na­turaleza, aunque también era conocido como el dios de la Venganza. 
Hijo de Odín y de la doncella Rhind, nada más nacer, aunque su rostro era el de un niño, su cuerpo era el de un guerrero, por lo que se presentó ante Odín con su arco para proclamar ante los dioses que él vengaría la muerte de Balder, promesa que cumplió matando a Hod con una de sus flechas

Vali, el dios vengador

Billing, rey de los ruthenes, quedó terriblemente consternado cuando oyó que una gran fuerza estaba a punto de invadir su reino, ya que él era demasiado viejo para luchar como en tiempos pasados y su única descendencia, una hija de nombre Rinda, aunque ya estaba en edad de casarse, rehusaba obstinadamente a escoger un marido entre sus muchos pretendientes y así proporcionarle a su padre la ayuda que tan tristemente necesitaba.

El Cortejo de Rinda

Mientras Billing se encontraba reflexionando desconsolado en su palacio, un desconocido se presentó súbitamente allí. Levantando la vista, contempló a un hombre de mediana edad vestido con un ancho manto y con un sombrero de ala ancha estirado en su frente para ocultar el hecho de que tenía un solo ojo.

El desconocido preguntó cortésmente acerca de la causa de su evidente depresión y, ya que había algo en él que inspiraba confianza, el rey le contó todo y al final de su relato, él se ofreció voluntario para encabezar el ejército de los ruthenes contra su enemigo.

Sus servicios fueron gozosamente aceptados y no pasó mucho tiempo antes de que Odín, pues era él el desconocido, obtuviera una señalada victoria y, regresando triunfante, solicitó el permiso para cortejar a la hija del rey, Rinda, para convertirla en su esposa.

A pesar de la avanzada edad del pretendiente, Billing esperó que su hija le prestara oídos favorables, puesto que parecía ser muy distinguido, e inmediatamente dio su consentimiento. Por tanto, Odín, aún no desenmascarado, se presentó ante la princesa, pero ella rechazó desdeñosamente su propuesta y le abofeteó groseramente cuando él intentó besarla.

Obligado a retirarse, Odín no cedió, sin embargo, en su empeño de convertir a Rinda en su esposa, ya que sabía, gracias a la profecía de Rossthiof, que nadie sino ella podía traer al mundo a quien estaba destinado a vengar a su hijo asesinado.

Su siguiente paso, por tanto, fue asumir la forma de un herrero y de tal guisa se presentó en el palacio de Billing. Tras fabricar costosos ornamentos de plata y oro, multiplicó tan hábilmente estas preciosas joyas que el rey consintió gozosamente cuando le preguntó si podría presentarle sus respetos a la princesa. 
El herrero, Rosterus como dijo llamarse, fue, sin embargo, igualmente rechazado sin miramientos por Rinda, igual que el exitoso general que había sido antes y, aunque su oído volvió a zumbarle por la fuerza de su golpe, él se obstinó más que nunca para convertirla en su esposa.

En la siguiente ocasión, Odín se presentó ante la caprichosa princesa, disfrazado de gallardo guerrero, ya que, pensó él, un soldado joven podría llegar al corazón de la doncella, pero cuando intentó besarla de nuevo, ella le empujó tan bruscamente que él tropezó y cayó sobre una rodilla. 
Esta tercera afrenta encolerizó tanto a Odín que desenvainó su vara mágica de runas de su pecho, la apuntó hacia Rinda y profirió un hechizo tan terrible que ella cayó rígida y aparentemente sin vida en los brazos de sus sirvientes.

Cuando la princesa recobró el conocimiento, su pretendiente había desaparecido, pero el rey descubrió consternado que ella había perdido por completo el juicio y que había enloquecido de melancolía. En vano se congregó a todos los médicos y se intentaron todos los remedios. 
La doncella permaneció pasiva y triste, y su aturdido padre había abandonado toda esperanza cuando una anciana, que dijo llamarse Vecha o Vak, se presentó y se ofreció a llevar a cabo la curación de la princesa.

La aparente anciana, que en realidad era Odín disfrazado, prescribió primero un baño de pies para la paciente. Pero ya que esto no pareció surtir ningún efecto, propuso intentar un tratamiento más drástico. Para ello, declaró Vecha, la paciente debería ser confiada a su cuidado exclusivo, atada a conciencia para que no pudiese ofrecer la más mínima resistencia. Billing, preocupado por ayudar a su hija, se sintió dispuesto a consentir lo que fuese y, habiendo obtenido así el dominio completo sobre Rinda, Odín la convenció para que se casara con él, liberándola de sus ataduras y del hechizo sólo cuando ella hubo prometido fielmente ser su esposa.

El Nacimiento de Vali

La profecía de Rossthiof había cumplido, pues Rinda tuvo un hijo llamado Vali (Ali, Bous o Beav), una personificación de los días que se prolongaban, que creció con una velocidad tan maravillosa que alcanzó su estatura máxima en el transcurso de un solo día. Sin siquiera esperar a lavarse la cara o a peinarse el pelo, este joven dios corrió a Asgard, arco y flechas en mano, para vengar la muerte de Balder, matando a su asesino, Hodur, el dios ciego de la oscuridad.

En esta leyenda, Rinda, una personificación de la corteza congelada de la Tierra, se resiste al cálido cortejo del Sol.
Odín, que en vano señala que la primavera es tiempo para proezas de guerra y ofrece ornamentos del verano dorado. 
Ella sólo cede cuando, tras un chubasco (el baño de pies), se descongela. 
Conquistada entonces por el irresistible poder del Sol, la Tierra cede a su abrazo, es liberada de su hechizo (hielo) que la hizo dura y fría y trae al mundo a Vali, el sustentador, o Bous el campesino, que emerge de su oscura cabaña cuando llegan los días cálidos. 
La muete de Hodur por Vali es por tanto emblemática del estallido de la nueva luz tras la oscuridad invernal.


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