28 de julio de 2017

Pena Blanca - Caboclo -



Nació en aproximadamente 1425, en la región central de Brasil, hoy, entre Brasilia y Goiás, donde su padre era el Cacique de la tribu. 

Era el hijo mayor de sus padres y desde temprano se mostró con un diferencial entre los otros indios de la misma tribu, era de una extraordinaria inteligencia.
En la época no había la costumbre de hacer intercambios e intercambios de alimentos entre tribus, apenas algunos lo hacían, pues había una cultura de subsistencia, pero el Cacique Pena Blanca fue uno de los primeros en incentivar la mejora de condiciones de las tribus, y por eso asumió La tarea de hacer intercambios con otras tribus, entre ellas a Jê o Tapuia, y Nuaruaque o Caríba.

Cuando hacía una de sus peregrinaciones él conoció en la región del nordeste brasileño (hoy Bahía), una India que vendría a ser su mujer, se llamaba "Flor de la mañana" la cual siempre fue su apoyo.
Como cacique, fue respetado por su tribu de tupis, así como por todas las otras tribus y continuó, a pesar de ello, su trabajo de itinerante por todo Brasil en el intento de fortalecer y unir la cultura indígena.

Un día Pena Blanca estaba encima de un monte en la región de la actual Bahía, y fue el primero en avistar la llegada de los portugueses en sus naus, con grandes cruces rojas en el timón. En la primera misa realizada en Brasil por los jesuitas, en la figura de Frei Henrique de Coimbra.
Desde entonces buscó ser el portavoz entre indios y los portugueses, siendo precavido por la desconfianza de las intenciones de aquellos hombres blancos que ofrecían objetos, como espejos y peines, para agradarlos.
Aprendió rápidamente el portugués y la cultura cristiana con los jesuitas.
En la costa brasileña, mucho antes de las grandes invasiones de 1555, aprendió también a hablar el francés, con un gran contacto con los corsarios franceses que lograron penetrar (sin el conocimiento de los portugueses) en la costa brasileña.
Los escambos, comercio de pau-brasil entre indios y portugueses, eran vistos con reservas por Pena Branca, pues allí comenzaron las épocas de esclavitud indígena y la intención de Pena Branca siempre fue la de progresar culturalmente con la llegada de esos nuevos pueblos, a los cuales, Él llamaba amigos.
Muere con 104 años de edad, en 1529, el Cacique Pena Branca, dejando gran nostalgia en todos los indios de Brasil, siendo reconocido en la espiritualidad como servidor en la asistencia a los indios brasileños, junto a otros espíritus, como el Cacique Cobra Coral.
A pesar de no haber conocido al Padre José de Anchieta en vida, ya que éste llegó a Brasil a mediados de 1554, Pena Branca fue uno de los espíritus que ayudó a este abnegado jesuíta en su desligamiento desencarnatorio.
Por ese Brasil afuera, se sabe de la presencia constante en los terreros de Umbanda del gran cacique Pena Branca. Él baja firme y elegante, dando brisas y vivas imponentes. Con él, también incorporan otros "plumas": Pena Azul, Pena Negra, Pena Verde, Pena Amarilla, etc ... Coincidencia?  En las casas donde tiene presencia garantizada, él las protege contra las embestidas de espíritus de las tinieblas, actúa en la reposición fluídica, comanda equipo de socorristas la actúa en las actividades de pases. El caboclo Pena Blanca realiza tareas, por el dominio y conocimiento profundos que tiene sobre manipulación fluídica y sobre los recursos de la naturaleza, siendo gran colaborador de trabajos de curación.
En las andanzas por el país, en un terreiro, cerca del congá, estaba un muchacho incorporado con un caboclo. Atento, el indio oía pacientemente a una vieja señora y la limpiaba con un paquete de hierbas perfumadas. La señora lloraba mucho y temblaba. Al final de la sesión, el semblante de ella había cambiado. Feliz, ella se sentó en el banco de la asistencia y oraba agradecida.
Curioso, me acerqué y le pregunté el nombre de la entidad que la atendió. La vieja hermana respondió con reverencia. Adivina el nombre del caboclo.  ¡Él mismo, el gran indio Pena Blanca!   En una bella noche, en un modesto y tranquilo terreiro umbandista del interior paulista, ocurría una gira de caboclo. La líder del terreiro abrió el trabajo e incorporó. Su Pena Blanca estaba en tierra, en todo su esplendor y fuerza. El caboclo Pena Blanca rasguñó su punto, pidió un cigarro, dio algunas órdenes al cambono y miró hacia donde yo estaba. Sentí una extraña energía recorrer mi espina. Él continuó mirando y agitó. Me levanté y acentué de vuelta. Luego dijo:  - Hijo, que era yo, ¿recuerda? ¿Hay un montón de hierbas bien olorosas para mí? 

¡Salve su Pena Blanca!

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