18 de diciembre de 2017

La Maldición de Tutankamón


Por más de 3270 años su cuerpo había quedado oculto a los ojos del mundo.
A la codicia y la maldad de la raza humana.
Al igual que sus antecesores, Tutankamón había sido enterrado en el Valle denominado de los Reyes. Todos aquellos que reinaron sobre la misteriosa raza descansaban allí en uno u otro lugar.
Por siglos el Valle de los Reyes había sido saqueado por todo tipo de maleantes, aventureros, conquistadores y, finalmente; los arqueólogos que deseaban los ocultos tesoros del lugar.
El valle fue saqueado de una forma tal que sus paredes graníticas parecían un paisaje escapado de la Luna. Se llegó al convencimiento de que todos los Faraones habían rendido sus secretos a la Humanidad en una u otra forma. Pero aún quedaba una... Tutankamón.
Muerto en plena adolescencia en el año 1340 antes de Cristo, nadie sabía con exactitud en donde se hallaba su tumba. Howard Carter se encontraba trabajando para el gobierno de Egipto como Inspector General del Departamento de Antigüedades.

Había dedicado casi la totalidad de su vida científica a la tarea que le llevaba de la mano.
El descubrimiento y conservación de los tesoros escondidos en las tumbas reales.
Uno tras otro los arqueólogos que buscaban la tumba de Tutankamón se dieron por vencidos. Liquidaban sus expediciones y volvían a sus tierras y a sus Universidades contando lo que podía haber sido.

Solo uno permaneció expectante. Howard Carter estaba decidido a develar el misterio del Faraón adolescente.
Desde 1917 se dedicó a excavar en los restos de los otros arqueólogos.
No teniendo el capital suficiente, muchas veces él mismo tenía que emprender la tarea con algún estudiante, discípulo u obrero mal pagado.
Excavaba en los sitios en que se había excavado con anterioridad por dos motivos.
Primeramente porque de esta forma se ahorraba en mano de obra y por otra porque ya había camino adelantado en las excavaciones abandonadas.
Era un juego rutinario pero que podía rendir frutos.
La principal ventaja de Carter era su profesión. Residiendo en Egipto, trabajando para el gobierno tenía todo el tiempo del mundo para finalizar su tarea (si lograba el éxito).
Los informes mostraban que, efectivamente; la tumba de Tutankamón no se había encontrado aún.
Que estaba allí desafiando todos los esfuerzos para dar con su paradero. Por lo tanto Carter se dedicó a esta tumba especialmente.


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