2.14.2015

Las Dos Grandes Ramas del Budismo Tántrico –Parte III


tantra-L (2)

Los sistemas Tántricos tienen sus propios Mándalas, círculos dibujados sobre papel, tela, madera,... que representan una cosmovisión, o “ley espiritual” por medio de figuras o de palabras; la práctica de hacer mándalas es muy antigua; está relacionada con las prácticas mágicas de los magos para delimitar un círculo encantado en su alrededor.
El Tantra también ofrecía a sus seguidores una filosofía; para ellos el cosmos está constituido por un conjunto de fuerzas que determinan la actividad en el mundo; las  acciones sagradas eran un medio para adaptarse a esas fuerzas. El mismo Buda es concebido como un “cuerpo cósmico” con tres funciones: mente, habla y cuerpo; el Buda conoce las fuerzas que dirigen al cosmos. La realidad es considerada, según la filosofía Tántrica, como reflejo de la Luz de Buda; un Buda es “la realidad secreta que está en todas las cosas”. De paso predica que todos somos o tenemos un Buda, parte de la sabiduría consiste en darse cuenta de ello, y en darse cuenta también, de las fuerzas cósmicas. Existe entonces una evolución en la filosofía budista con respecto a la realidad: en primera instancia, la realidad y el Nirvana son opuestos, el Nirvana es la no existencia; después, con el Mahayana, la realidad y el Nirvana son lo mismo; finalmente, con el Tantra, el Nirvana y la Realidad son la manifestación del cuerpo de Dharma de Buda. Antes, el Tathagata enseñaba su visión del universo, ahora él mismo era su explicación y su causa. Se los empezó a llamar Señores de los Yoguis. La escuela Yogacara afirmaba que la matriz de los Tathagatas era la realidad última; con el Tantra ahora es la totalidad de las existencias la que surge de dicha matriz. Esta fue la última cosmología budista antes de “mezclarse con las religiones monoteístas que estaban a su alrededor”.
El Tantra también creó mitologías, preferentemente expresadas por medio de Mandalas; la principal defiende que Cinco Jinas forman todo el “cuerpo del Universo”; Jina significa conquistador o vencedor y se aplica a los cinco Budas primordiales que tienen la particularidad de que siempre fueron Budas, no nacieron hombres ni animales. Los cinco Jinas son: Vairocana, el iluminador o el brillante; Akshobhya, el imperturbable; Ratna Sambhava, el nacido de Joya; Amitabha, el de Luz Infinita; y Amoghasiddhi, el del éxito infalible. Muchas escuelas elegían a uno de los cinco Jinas como “jefe”, o al menos como “ejemplo supremo”. Con la aparición bastante oscura de un Adi-Budha primordial, padre de los cinco Jinas, se daba el primer paso hacia la llegada del monoteísmo, ya anunciado sutilmente por la filosofía del Buda omnisciente, creador del mundo, esencia de todas las cosas.
Por el 950, estudiosos tántricos en Jaxartes ya consideraban una “cosmogonía casi monoteísta como centro de la doctrina budista”.
El Tantra puso mucha más atención al cuerpo que ninguna otra escuela; se fijó también en los detalles, llegando a inventar (o descubrir) un intrincado sistema de puntos corporales interconectados: los chakras, centros energéticos en la red de fluidos corporales.
La antigua Disciplina corporal exigía vigilar todos los movimientos del cuerpo, refrenarlo en su búsqueda de comodidades, soportar el frío, el calor, el hambre, hacer respiración yoga, ayunar, no comer después del mediodía; el trance se obtenía por medio del cuerpo: su éxito dependía del cuerpo, puesto que se extingue todo pensamiento. Pero no debía despreciarse; el Tantra descubrió 3 chakras o nervios principales al centro y a ambos lados de la médula espinal: a la izquierda el nervio de sabiduría, a la derecha la capacidad de los medios y al centro la Unidad Absoluta. El yogui unía sabiduría y capacidad de los medios formando el “Pensamiento de la Iluminación”, en el centro; luego ese pensamiento era conducido hacia arriba, hasta el centro nervioso más alto de manera a obtener una dicha inmóvil. Los sistemas de respiración son muy importantes en el Tantra, pues regulan los Vientos Vitales que “determinan la corriente de la fuerza oculta en los nervios”.
Finalmente, el Tantra ofreció una nueva concepción del ser, esta vez en total contradicción con las concepciones más antiguas, que negaban por completo la existencia de un ser: “La verdad última está en el interior de la casa”... “pero tú preguntas por él afuera. Tú ves a tu marido en el interior, y sin embargo preguntas a los vecinos si saben dónde está” (Saraha, poeta tántrico de Bengala).

jazmines
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