viernes, mayo 26, 2017

La Dupla Elegua Eshu - II Parte -


Eshu Ara Idí: Es de tierra Arará, trabaja junto a Ochún, y está muy ligado y relacionado a los Ibejis. 
Es tan niño como ellos, y siempre se lo encontrará jugando en todas las esquinas de una plaza.
Los cuida y los mima.
Tiene 64 caminos, come muchos dulces, y lleva los mismos atributos que los gemelos.
Su otá se asienta en un pequeño bebedero de parque.

Eshú Araí Lele (Araí Loli): Nombre de un Eshu andariego, curioso y temible, muy trastornador cuando asume la forma de un perro vagabundo.
Es muy común hallarlo en las grandes terminales de transporte, donde duermen vagos y borrachos.
Es también Eshú de Babaluayé, y cuando está junto a él tiene consigo 19 caminos, entre los cuales se dice, fue el protagonista de la unión entre Yewá y Chakuaneko.
Es de tierra Ijeyá.

Eshu Arayeyi (Arareyí): Portero de Orulá, también es protector de Ochún, y vive y come en la entrada de las casas.
Es celoso guardián, pero se vuelve mentiroso y enredador cuando no se le tiene en cuenta, o si no se le atiende como merece. Es el mimado de las hijas de Miwá, una de las orishas de río más descocadas del panteón yoruba.
Arayeyí suele comer ochinchín, dulces y aguardiente o ron.

Eshu Arere Obí Oké: es areré (título de gran honor), es el poder, es el hijo y mensajero de Olorum
Es guía y adivino, y bajó de la montaña sagrada de Oké para ayudar a la humanidad.
En las líneas de santería de Ochá se lo suele sincretizar con la imagen del Niño Jesús que San Antonio de Padua sostiene en sus brazos.
Tiene cuarenta y nueve caminos, y en algunos de ellos también aparece como San Francisco de Asís, San Cayetano y San Pedro. Es muy invocado para apertura de caminos, limpieza de casas y negocios, y sobre todo, desataduras de todo orden en la magia negra y brujería. Su atributo principal es el “krikri”, un sonajero adornado con plumas, cuyo mango se hace de caña de la manigua, que también se suele colocar como protección, detrás de la puerta de entrada de las casas.

Eshu Aridiyí: Cuando aparece causa temor, espanto.
Está muy ligado a los ngangá congo y los kimbanda, y es capaz de desbastar cualquier enemigo, cuando está bien atendido y arreglado por el mayombe que lo comanda.
La única manera de volverlo hacia atrás es triplicando su ofrenda, que de seguro poseerá abundantes piezas en oro.
Cuando alguien tiene un daño muy grave, es el Elegguá que comanda la letra de Oggundá del Diloggún. Hablará primero que cualquier otro, sobre el trance de la persona registrada.

Eshu Aroni: por este camino es curandero y mago, pero muy violento. Señorea en los bosques y la manigua donde ejerce la medicina, ya que conoce todos los secretos de Osaín. 
Entre sus funciones está la de traerle el fuego a Oggún. Se le describe como un enano con cabeza perruna; tiene una sola pata y un brazo, más una larga cola peluda que termina en una bola. Se dice que instruye a la gente valiente en la magia y en el poder de las plantas, y que luego ofrece un pelo de su propia cola como prueba. Este Eshu inspira terror en los cobardes. Tiene 47 caminos, es del Calabar, y se lo considera el Elegguá de Oddúa.

Eshu Ayeru: Servidor y guardián de Ifá. Un Babalawó con Ayerú y Osaín estará bien firme en su casa de Ochá, pues ambos son la garantía de su trabajo y no hay ningún peligro que temer. Todo lo comenta, y suele acompañar a iyawó y clientes hasta su casa, cuando desconfía de ellos. Si alguien traiciona a un hijo de Ochá, mejor ni saberlo...

Eshu Aweré: Este tiene su casa en las lomas y laderas de las montañas.
Está consagrado a Obatalá, y es quién le cuida las aguas sagradas que vierten las cascadas.
Se presenta con 27 caminos, de los cuales en más de la mitad aparece como hermafrodita.
Por ello al asentarlo, se le hace un muñeco de madera en el cual se denote en su parte inferior, la virilidad masculina, y en la superior, la maternidad femenina, con abultados pechos. Tiene una flechita metálica de plata en su frente, y se lo viste con una túnica blanca y roja veteada.
Su color es borra-vino.
En el Diloggún habla por Eyeunlé - Obbara

Elegguá Awó Bara: Adivino de tierra Oyó, hace de guardián en las casas de los Babalawos. Es el sostén, la afirmación de Ifá.
Se asienta en Obí, y en su casa se juegan tres pedacitos de coco, para saber sobre el estado presente y futuro del lugar, en cuánto a limpieza e impecabilidad.
No responde a los hijos de Xangó, pues la historia dice que, cuando éste era Alafín (rey), lo echó a la calle por haberle robado sus cocos de adivinación.

Eshu Baraiñé (Okú Bara Iñé): Es adulto y muy ligado a Eshu Bí.
Nace en Obbara Meyi y protege mucho a sus hijos.
Anda junto a Xangó, quién lo considera su Elegguá.
Conoce todos los secretos de la alta magia, el fuego y el tablero. Tiene 103 caminos, y comanda en uno de ellos a un grupo importante de iwin.
También está relacionado con los Ikús de Oyá, pues ella se los concedió cuando Xangó pasó a ser su esposo. De todos los Eshus es el más diestro con las armas de guerra y con las tácticas, por ello como atributo las posee a casi todas.
Se lo asienta en Obí, y su piedra tiene forma de un cono truncado, amarronada, oscura, granulada.

Eshu Barakeño: es muy travieso, todo lo trastorna y confunde.
Es el más pequeñito de todos los Eshus, y habita en las matas y maniguas, y se esconde entre los matorrales. Suele ocasionar que los árboles hablen a la gente o se manifiesten sonidos extraños dentro de sus bosques. Su paddé se deposita entre las raíces de los árboles, o entre las matas espesas que forman guaridas para los animalitos. Atiende cuestiones de enfermedades en los niños, en especial aquellas aparentemente incurables. Fuma cigarros, gusta del buen tabaco y ron, así como también dulces y tortas. Nace en Obbara Melli, letra que lo marca en el Diloggún.

Elegguá Barakikeñeri: Es uno de los caminos más antiguos del Elegguá, nacido en Ijeyá.
Se estima que viene del siglo XVII, y actualmente se ha perdido bastante su rastro, aunque algunos lukumí todavía lo siguen cultando.

Elegguá Bara Alá Asuayó: es el Elegguá de las puertas de entrada de Ilé.
Está muy ligado a Olofi, y tiene 118 caminos. Atiende cuestiones de clarividencia en aquellos hijos de Obatalá, en particular, los de Obbá Moro. Muchos sincretizan a este orishá con Santa Lucía.

Eshu Baralayikú : De tierra Oyó, colabora en el traslado de los muertos cuando anda con Babaluayé. También oficia como portero de Orulá. Él vive en la entrada de los Ifé, y si no se le agasaja y alimenta como merece, castiga enredando la suerte y origina los percances y las tragedias. Su asentamiento es sumamente delicado, por sus 264 caminos.

Eshu Baralanugbé: el solitario y temible Eshu Arará que castiga con el fuego. Trabaja con el alba y con las estrellas (irawó) Sabe perfectamente como se conjugan las constelaciones (Uli) y cuerpos celestes, por lo que se lo considera con amplios conocimientos cosmológicos.
A él se lo invoca en la letra de Ofún (16) para precisar fechas de asentamiento de orishas.
Smailin y Yorbert X 100 Pre

Eshu Barakikeñó (Gúaga Barakikeñó): un Elegguá niño, pero con acción dañosa y pérfida (Obarakikeño) Se dice en Cuba que es el guardián de las “cebollas” (mujeres de la noche), y que si bien es niño, todo lo sabe y todo lo ha experimentado. Tiene la habilidad de trabajar las mentes humanas a su capricho, motivo por lo cual es muy empleado por los mayombe de kimbisia para hacer ataduras y pegamientos de pareja. Solo come miel y dulces, aunque apetece licores y cigarros con sabor a chocolate.

Eshu Ba Ti Eyé (Batiyé, Batieyé, Batielé): El que vence de cualquier modo hasta acabar con los daños. Viene de tierra Arará, y siempre fue muy invocado para atender cuestiones de brujería y maleficios. Tiene 38 caminos, y en el Diloggún habla por Eyioco Oddí - Oddí Eyinlá
Es enemigo de los mayombe, la kimbanda y los iwin y ngangá congo. No acepta que por cuestiones de incompetencia, o “calentura”, una persona le haga daño a otra porque sí, por tanto, devuelve lo que hicieron. Es muy común que provoque accidentes en las rutas por heridas cortantes o incineración.

Eshu Beddún Bela: Advocación de Elegguá. Tiene dos caras: una blanca y la otra negra, como el día y la noche. Así también es lo que hace cuando se lo invoca. Suele poner las cosas “pata pa riva”, cuando alguien no tiene razón.

Eshu Beleké (Belenké, Bereké): De tierra lukumí, es un niño travieso, pero muy habilidoso y excelente guardián de las casas de ochá. Gran conocedor de yerbas y remedios, siempre se lo encontrará en la manigua. Le gusta ser correveidile; se mete en todo, es embustero y muy peligroso cuando se encela (no se debe tener en la casa donde hay niños) Ha sido comparado con el Niño de Atocha (borí Weno) o Buen Pastor. Usa un güiro mágico (de los acinturados) como amuleto.

Eshu Bí Biribí: lo llaman “el rey de las maldades”, “el jefe de los Ibeyis”. Vive en las esquinas de las calles, es pendenciero y malvado, lo más tétrico. Provoca todo tipo de accidentes. Suele meterse en los cuerpos de aquellos niños desprotegidos (no bautizados)

Elegguá Biawooná: Imagen de Elegguá hecha de madera.

Eshu Chiguidí (Chugudú): Se le representa en un cono hecho de barro y decorado con cauríes. Envía el sueño maléfico (castigo de las pesadillas) Trabaja con Ifá. Se lo emplea para aprovechar sus malas acciones, porque es muy vengativo, o como un celoso guardián.
Los comerciantes y ricos protegen sus riquezas y tesoros con la ayuda de Chiguidí, el cual se prepara abriendo un hueco en el suelo, y luego se le ofrenda un paddé dentro del hueco; después se le va construyendo encima, con arcilla, el cono decorado. Se le coloca delante un plato o cazuela donde recibirá periódicamente las ofrendas. Cuando el lugar está bajo el resguardo de Chiguidí, matará a cualquiera que intente saquearlo. Se lo suele representar, además, en una figura grotesca, con el pecho ancho y la cabeza pequeña. Este Chiguidi, el vengador, mata comprimiéndole el tórax a sus víctimas cuando están durmiendo y así las ahoga con las rodillas. Pero si la persona está bien protegida, y su guardián la despierta, entonces Chiguidí desaparece. Por eso, quién lo envió tiene que permanecer en vela hasta que él cumpla su misión, de lo contrario, se vuelve en contra.

Eshu Chikua bú (Achicagbú): De tierra de Oyó, lo mismo crea que acaba el mundo. Es el principio del mundo. Se lo llama con un oró (zumbador), que es un pez tallado en madera y sujeto a un cordel para hacerlo girar, batiéndolo contra el aire.

Eshu Chinkí: El que es rápido. Nace en tierra Oyó, y fue enseñado por Xangó en la danza. Tiene 33 caminos, y ayuda mucho a los jóvenes en cuestiones de estudios. Si un profesor, se pone en caprichoso en contra de un estudiante, Chinkí en-seguida lo aplacará.

Eshu Dagguese: es un Elegguá representado por medio de un caracol cobo (Strombus Gigas) Trabaja con Olokun. Tiene 49 caminos, y en casi todos ellos aparece con su faceta bisexual o hermafrodita. Atiende solamente cuestiones de grandes emprendimientos comerciales, y solo obedece a aquellos Babalochá o Iyalochá de idénticas características.

Elegguá Eboríkeke: por este avatar es un Elegguá niño. Se dice que vino entre los fundamentos de esclavos desde tierra Arará, y se lo dejó de cultar a principios de siglo. Atendía cuestiones de enfermedades endémicas.
También se lo invocaba para trastornos genésicos como ser herpes o sífilis.

Eshu Egbayilá: El que salva. Nace en tierra de Okana-wori, y en su carga lleva nueve clases de metales: oro, plata o platino, cobre, hierro, estaño, plomo, cinc, aluminio y azogue (mercurio) También se le añade manteca de majá y de corojo, una aguja y cuatro alfileres. 
Lleva arena y agua de río y de mar, tierra del cementerio y del campo, y fragmentos de los palos vencedor, amansa guapo, abre caminos, siguaraya, espanta muerto, tumba tumba, y “yo puedo más que tú”. Otros ingredientes que se le incorporan son la cascarilla, maíz torrado, pescado, polvo de buey, espuelas de gallo, pólvora y pigmento rojo. 
A este Elegguá se lo asienta junto a Eggún en kutambwo. 

Eshu Elú (Eluama): Sólo se lo emplea para demandar o hacer daño, porque es muy buen brujo. No se lava en omiero y se lo guarda ocultándolo de la vista de los demás, bajo un molde cónico de barro (horma antiguamente utilizada para solidificar el azúcar en los ingenios) Se hace con yerba, pasto, pescado ahumado, cola de alacrán, cabeza de majá y tierra de los caminos, de cuevas y veintiuna bibijaguas. No se le mira más que cuando se le da de comer. Tiene 36 caminos, y en el Diloggún habla por Osá Oché Advierte a los Babalawos de Regla si tienen alguna demanda encima de un mayombe o kimbanda. 

Elegguá Elufé: Es un viejo y de lo más fino, según se comenta. Su cara se esculpe en una tosca piedra que representa su cabeza, y se le talla un cuello ancho o base que lo mantenga firmemente vertical dentro de una fuente de barro. Se lo lava con mioró hecho de abre caminos, paraíso, pata de gallina, yerba buena, helecho macho, mejorana, nastuerzo, romerillo, tamo real, meloncillo, piñón criollo, albaca, grama de caballo, espartillo, lengua de vaca y cardo santo. 
Vive retirado en el patio, nunca en la casa (lejos del olor de las mujeres), y ante él es preciso conducirse con devoción y respeto; y cerca de él no deben ocurrir actos deshonestos, ni proferirse malas palabras, porque es severamente puritano. Elufé nunca tuvo mujer, es decir, está quebrado: “sus testículos le caen hasta las rodillas”. A este viejo se le ponía rapé. 

Elegguá Egberé Kikeñó (Kinkeñé): es un Elegguá niño, muy pequeñito, y bastante travieso. Sale de noche a vagar por el monte (Egbé: torbellino) Es muy común emplearlo como defensa en contra de brujos o mayombes que pretenden atacar una casa de Ochá. Provoca el cierre del lugar, y el corte ritual de trabajo, de quién se hubiera atrevido a desafiar a un Babalawó o Iyalochá. 

Eshu Ekileyo: Procede del reino de Oyó, y llegó hasta la tierra sagrada de Ifé. Es sabio, un gran adivino y protector de las personas que buscan el conocimiento. Lleva dientes de chivo y de perro, tres corales, óxido de hierro, una moneda de plata, aserrín de oro, coco, aguardiente y miel, tierra negra y tierra roja, Osun Erun, kola y Obí. 

Eshu Eré: se le representa en una estatuilla de madera o de barro. Tiene dos caras, una es de hombre, y por detrás es mujer. Se lo considera hermafrodita. Trabaja junto a Ochumaré. Tiene 23 caminos, y sus fundamentos se relacionan con el orishá del arco iris. 

Eshu Echeniké Echeriké: Anda con Osaín. Fuma una cachimba (pipa) rellena con yerbas aromáticas, y cuida las espaldas del dueño de la vegetación. Se lo asienta en un Obí o gamela redonda de madera, con casi los mismos atributos que su amigo. Toma caña quemada y gusta del guarapo. Es muy común encontrarlo en la manigua. Su comida es el paddé. En el Diloggún habla normalmente por Ojuani Osá 

Eshu Esí Ileñí: Vive en la entrada de los Ilé. Es el que detiene todos los daños y trabaja junto a Kinkeñé. Ambos “son dinamita”, en especial si el Babalawó o la Iyalochá son de Obatalá, y los pueden asentar juntos. Tiene 21 caminos, y su avatar lo lleva a entenderse perfectamente bien con iwin y ngangás. 
Se le juegan siete pedacitos de coco, frente a su casilla, en día de garúa, por fuera, para saber como andan las cosas de la casa de Ochá


Fuentes: Pai Roberto de Xango

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