3 de diciembre de 2017

Nuestra Señora de la Misericordia -


A mediados del mes de mayo del año 1233, Jaime I de Aragón, en plena campaña de reconquista del Reino de Valencia, a los musulmanes, comienza el asedio de Burriana que terminaría el mes de julio del mismo año tras dos meses de duros enfrentamientos.

El Rey, después de conquistar a Burriana como lugar estratégico de vital importancia para la conquista de Valencia, y visto el esfuerzo realizado para su toma, quiso mostrar a los cristianos y musulmanes que la conquista de la villa no era una simple escaramuza, sino un deseo serio de permanencia y de propósitos de futuro. 
Todo ello lo llevó a término el Rey, dividiendo Burriana para las tres ordenes militares que tanto le habían ayudado en el asedio ( ordenes del Temple, del Hospital y de Calatrava ); convirtiendo la villa en un lugar de residencia temporal de la reina y de otros miembros de la familia real; y como no, con la construcción de una obra magnánima dedicada a la Virgen María: su esplendorosa iglesia parroquial, cuyo titular desde el siglo XIV hasta el día de hoy es El Santísimo Salvador. 
La monumental iglesia, comenzó a construirse el año siguiente a la conquista de la villa (1234), en estilo gótico con elementos decorativos y arquitectónicos pertenecientes aun a los gustos del románico. 
La iglesia se convirtió desde el principio, en lugar de reunión civil ( en ella se realizaron las reuniones de las Cortes de la Corona de Aragón en distintas ocasiones y también fue escenario de la firma de tratados y otros acontecimientos de la época), y como no, en centro religioso, no solo de la villa, sino de la comarca entera, considerándose Burriana y su iglesia parroquial durante más de cinco décadas el único centro religioso-espiritual con una organización estable de la tierras recientemente reconquistadas en las comarcas castellonenses. 
Muy pronto fueron nombrados los clérigos que se encargarían de la cura de almas, del culto y de la administración eclesiástica.

Con todo ello, no es de extrañar que la devoción de los santos y especialmente a la Virgen María muy pronto se arraigara entre los cristianos que rápidamente repoblaron la comarca y que acudían regularmente a los distintos oficios de la iglesia, en aquella época dedicada a Santa María.

Provisto el templo parroquial de los elementos y objetos necesarios para la vida cristiana y para el culto, es lógico, que entre ellos se dispusieran las imágenes y entre ellas la de su titular, Santa María, gran imagen gótica decorada con los gustos y estilo orientales-bizantinos. A la imagen, de principios del siglo XIV, se le concedió el titulo de María, Madre de Misericordia, así como el patrocinio de la villa de Burriana.

En el siglo XV se escribieron sus gozos. 
Estos reúnen dos peculiaridades que los diferencia de sus vecinos mas cercanos: primero su antigüedad, y en segundo lugar el ser los únicos que conservan su versión en idioma Valenciano arcaico, manteniendo el texto sobre sus gozos terrenales.

La imagen fue venerada por los cristianos de Burriana y su comarca hasta la madrugada del 6 de agosto de 1936 cuando en el contexto de la guerra civil fue saqueada la iglesia y destruida la imagen. Terminada la contienda, fue repuesta una nueva talla que ha intentado conservar el estilo, el tamaño y la decoración originales.

Nos cuenta la tradición popular que la imagen fue escondida durante la invasión musulmana dentro de una campana que servía de protección, en el lugar conocido como " Clot de la Mare de Déu " estanque natural situados en el tramo final del lecho del río Ana, que cruza de oeste a este el término municipal de Burriana , con el fin de ser preservada de los " infieles ". 
Transcurrida la reconquista, y vuelta la cristiandad a Burriana, en el lugar del estanque, unos pastores, en el momento de la consagración en las misas que se celebraban en el templo Parroquial, en la elevación, y tras el sonido de la campana de la Iglesia, escuchaban el repique de otra campana que respondía desde el interior del agua. 
Llenos de admiración por la repetición del fenómeno durante varios días lo comunicaron a las gentes del pueblo, que tras no pequeño esfuerzo, emergieron del agua limpia y cristalina del río la campana que contenía la sorpresa mas hermosa para aquellas gentes: la imagen preciosa de la Virgen con el Niño en sus brazos. 
Desde estos momentos la tomaron como Patrona y como Reina y Madre de Misericordia.

La devoción a la Virgen de la Misericordia, devoción local y comarcal, se ha conservado a lo largo de los siglos y ha llegado hasta nuestros días; a sus pies acuden todos los burranenses, mayores y jóvenes, así como numerosos fieles, devotos y peregrinos de toda la comarca. Su fiesta se celebra el 8 de septiembre, festividad de la Natividad de la Virgen. La víspera por la noche se celebra una solemne vigilia de oración.

Durante el día de la fiesta tienen lugar cuatro eucaristías, dos de ellas multitudinarias: la misa solemne de las 11:00 horas de la mañana y la celebrada a las 18:00 horas que antecede a la Procesión general, donde concurren miles de personas, de la misma ciudad y de toda la comarca, para rendir tributo a su Patrona y Madre. 
Los días anteriores se celebra un solemne novenario muy concurrido, con predicación adecuada a los misterios vividos por la Madre del Señor, donde se canta el himno a la Virgen de la Misericordia " Iris de Paz ", compuesto por el ilustre hijo de la ciudad el Cardenal Don Vicente Enrique y Tarancón, y al finalizar se entonan los gozos.

El culto a la Virgen de la Misericordia no termina con su fiesta, Procesión y novenario. 
Durante todo el año, miles de personas acuden a su altar para pedir intercesión y darle gracias por los favores alcanzados. 
Todos los sábados del año se cantan laudes solemnes en su capilla, y todos los días 8 de cada mes durante el año se celebra la santa misa en su honor, a la que acuden numerosos devotos y devotas, que celebran al mismo tiempo un retiro espiritual mensualmente. 
Numerosos son los burrianenses que presentan y consagran a sus hijos e hijas a la Virgen de la Misericordia después de ser bautizados.


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